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martes, 2 de agosto de 2011

Plan Lachat hall of fame (2): Henri Desgrange, Padre del Tour

Retomo hoy una de las series de post que me propuse desarrollar en los albores de este blog, el Salón de la Fama de Plan Lachat, espacio donde ir recuperando la figura de aquellos que forjaron ese híbrido entre Historia y Leyenda en que ha transmutado el pasado de este deporte, una criatura de límites difusos pero de enorme trascendencia para los aficionados.

El primer miembro de este insigne club fue Alfredo Binda, el primer “campionissimo. Hoy es a Henri Desgrange a quien honramos convirtiéndolo en el segundo componente de este selecto grupo.

Tiene la biografía de Desgrange algo de novelesco, de hecho en torno a él, a su figura surgen numerosas leyendas confusas que esconden un número similar de incógnitas. Por ejemplo, se le atribuye la creación de la carrera más grande de la historia, el Tour de Francia. Que él fuese el impulsor definitivo parece un hecho contrastado sin embargo ¿hasta qué punto la idea de un Tour de Francia es atribuible al parisino? Parece ser que la idea original surgió en una reunión a la que asistían el propio Desgrange, un joven periodista de quien se dice que surgió realmente la idea y cuyo nombre era Géo Lefèvre y George Prade. Eran los tres personal a sueldo de Victor Goddet, algo así como el magnate dueño de Le Vèlo, un diario deportivo que había comenzado su andadura en 1892 y que por entonces, en el génesis de esta historia andaba con problemas de ventas. Con el fin de incrementarlas se ideó una carrera ciclista que recorriera Francia. Parece ser que el propio Desgrange se mostró dubitativo y no fue hasta que un entusiasmado Goddet dio luz verde a la desmesurada operación de marketing que sus empleados le proponían que Henri Desgrange, inflado de confianza, comenzó a considerarse a si mismo el Padre del Tour. Al menos así ha quedado reflejado en algunas versiones de la historia.
 
Otra leyenda atribuible a Desgrange es la de El superviviente. Dicen que su sueño fue elaborar un recorrido tan exigente que a París llegase un único corredor, una especie de superhombre capaz de vencer todos los obstáculos que habían resultado insalvables para los demás. De esto, como de otras cosas, uno no sabe cuanto pertenece a la historiografía de la Grand Boucle y cuanto a su mito fundacional.

Pero la figura de Desgrange no es el resumen de un compendio de historietas de dudosa fiabilidad. Existen hechos contrastados que por si mismos justificarían la entrada del Gran Henri en nuestro altar mayor. Para empezar estamos hablando del primer recordman de la hora. Puede que sus méritos como impulsor del Tour hayan oscurecido su figura deportiva hasta el punto de resultar desconocida para gran parte del aficionado pero lo cierto es que años antes de convertirse en periodista deportivo fue un notable ciclista, especializado sobre todo en la pista. El once de mayo de 1893, en el Velódromo de París, detuvo el cuentakilómetros en 35,325km después de haber rodado durante una hora. Aquella marca se convirtió en récord sobre todo porque era la primera vez que se acometía dicha disciplina y fue referencia durante casi un año y medio, hasta que Jean Dubois la situó en 38,220km.

Si haber impulsado, padre o no es otra cuestión, la que iba a convertirse en la carrera más importante de la historia del ciclismo y uno de los cinco acontecimientos deportivos más grandes de todos los tiempos, si haber impulsado esto, decía, fuera un argumento de relativo valor, en 1910 Henri Desgrange apuntaló su particular lugar en el Olimpo ciclista con la inclusión por vez primera en la carrera de la ascensión a algunos de los más duros puertos de montaña de los Pirineos. De cómo llegaron a convertirse el Aspin, el Peyresourde, el Aubisque o el Tourmalet en teatro de dramas y gestas en el Tour de Francia ya daremos cuenta otro día porque esa es una historia que merecería casi un blog por si misma. Un año más tarde, en 1911, Desgrange cambió Pirineos por Alpes y fue el Galibier, entre otros, quien recibió su primera visita. La montaña, la gran montaña del Tour de Francia había aparecido en escena y con ella se había abierto la puerta a la épica que iba a definir, a vertebrar desde ese momento el ciclismo.

Desgrange murió el 16 de agosto de 1940, en plena Guerra Mundial, a los setenta y cinco años. Si consideramos el Tour de Francia como Su Obra entonces debemos medir la importancia del acontecimiento para calibrar la magnitud del personaje. Siendo así sólo nos cabe afirmar que estamos ante una figura inmortal cuyo trascendencia en la historia del Deporte no hace sino crecer en relación a la de su vástago.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Plan Lachat hall of fame (I): Alfredo Binda, el primer “campionissimo”

Le apodaban La Gioconda, por su sonrisa perpetúa decían unos, por su eterna y sobria elegancia sobre la bici, contaban otros. probablemente por ambas cosas, así era la Italia de los años 20, los felices años 20, bipolar hasta la caricatura. De él quedan pocos testimonios gráficos, pocas fotos y, claro está, ninguna imagen de televisión. Su historia, pues, se asemeja más a las leyendas antiguas, transmitidas de boca en boca, repetidas y alteradas hasta la deformación, que a la veraz crónica periodística. Y sin embargo, algunos datos y algunos de esos hechos sucedieron realmente y son contrastables.

Oye uno hablar de Binda y lo primero que se le viene a la cabeza es aquella historia del Giro de 1930. Después de haber vencido en las ediciones de 1925, 1927, 1928 y 1929 consiguiendo además 27 victorias de etapa (en 1927 consiguió ganar en doce etapas, aún hoy y probablemente por siempre, permanece como el récord de victorias de un solo corredor en una sola edición del Giro), la organización se enfrentaba a un problema superlativo: nadie quería correr contra Binda y el Giro amenazaba con convertirse en un monólogo de Binda año tras año. Desde los albores de la historia del ciclismo hasta la aparición de los equipos patrocinados por poderosas marcas comerciales, los ciclistas vivían en gran parte de los premios que obtenían en las carreras, por eso aquella forma de correr, con el cuchillo entre los dientes, sin tregua. Tu sueldo era tu posición en la carrera. Y nadie quería ser segundo. Los coetáneos de Binda debieron de echar sus cálculos y concluirían que les salía más rentable ir a competir en carreras menores, con premios menos cuantiosos, si, pero más fáciles de obtener. Correr contra Binda era un mal negocio siempre.

La decisión de la organización del Giro probablemente sea un hecho insólito en la historia del ciclismo: se le pidió a Alfredo Binda que no acudiese a la salida del Giro y para “persuadirle” se le recompensó abonándole el dinero equivalente a haber ganado todas las etapas. Binda no corrió aquel Giro, no terminó el de 1931 y volvió en 1933 para conseguir su quinta y última victoria, además de la general de la montaña y 6 victorias parciales más.

De Binda se cuenta que aunaba el sueño quimérico de cualquier ciclista: gran escalador, le apodaron también el Señor de las Montañas, y excelente rodador. Insuperable en cualquier terreno y con un apetito voraz por la victoria. Son estas afirmaciones las que uno decide creer (o no) pero que no puede saber cuanto tienen de verdad y cuanto de leyenda engordada por el paso del tiempo.

¿Fue Binda tan excelso? quién sabe. Lo que es menos cuestionable es el dominio que ejerció en Italia al final de aquella extraña década de entreguerras. Algunas de las marcas de Binda de entonces son hoy records no superados. Otros, como el de victorias de etapa acumuladas en el Giro tuvieron que esperar 70 años para ser batido (hasta 2003 nadie consiguió superarlo).

Binda ganó 3 veces el campeonato del mundo (fue el primero) y sólo Merckx, Van Steenbergen y Freire han podido igualarle. A sus cinco victorias finales en el Giro, sólo El Caníbal y el Gran Campionissimo, Fausto Coppi han podido llegar. Este último es el único que tiene más Giros de Lombardia, cinco. Binda ganó cuatro y nadie más tiene tantos. En 1929 ganó ocho etapas del Giro de forma consecutiva, nadie volvió a repetir esta hazaña. En aquel trienio irrepetible que fue de 1927 a 1929, obtuvo 26 victorias de etapa sobre 31 posibles. Si pocos corredores han ganado más que Binda, probablemente ninguno haya perdido menos veces que aquel varesino que ha quedado para la historia de este deporte como el primer gran dominador, el primer corredor eterno cuyos logros trascienden su tiempo y perduran para siempre en la memoria colectiva, convirtiéndolo en leyenda ochenta años más tarde.