lunes, 17 de octubre de 2011

esto se para… por ahora (I)


Hola Xavi, hola Wouter.

Quería contaros que el sábado se cayeron las últimas hojas de la temporada, que es una manera pretendidamente poética de explicar que se disputó el Giro de Lombardía, la última batalla de este año ciclista, aunque la UCI se empeñe en lo contrario con sus extraños y retorcidos inventos, de hecho el último ha sido adelantar la “Clásica de las hojas muertas” a finales de septiembre o principios de octubre, según el año, para que se corra la semana después del Mundial. Ya veis que siguen sin respetar nuestros símbolos más sagrados, si les dejan estos son capaces de poner el Tour en marzo.

Ganó Zaugg, tu compañero en el Leopard este año, Wouter. Fue una sorpresa, todos esperábamos a Gilbert, claro, que ha completado un año excelso, probablemente irrepetible. Y si no, pues a los Purito, Nibali, Van Avermaet, incluso Uran. Y no digo que Zaugg no se lo mereciese, porque su ataque en Villa Vergano, justo después de la exhibición de Basso, fue demoledor. Después, bajando, tampoco pudieron hacer nada por cogerle, pero aún así no deja de ser la victoria de alguien con quien a priori no contaba nadie. Y es que creo que Gilbert ha llegado exhausto a final de año. Lógico.

El caso es que siempre que veo el Giro de Lombardia me da por hacer balance de la temporada que se apaga, no lo voy a negar, puede que hasta me ponga un poco nostálgico. Es como la Nochevieja del año ciclista. Haces recuento de lo bueno y malo que tuvieron los nueves meses de carreras, rememoras lo inolvidable, espantas lo que no quieres recordar porque en realidad lo que desearías es que no hubiese sucedido y sin casi pretenderlo empiezas a elucubrar con lo que traerá el nuevo año. Los nuevos patrocinadores que llegan, los viejos que se van, como les quedarán los nuevos maillots a los que cambiaron de equipo, los nuevos recorridos… de todo esto tendremos mucho en 2012.

Me acordaba viendo Lombardia de cuando empezó la temporada, allá por enero ¿recordáis? Seguro que Xavi si, él estaba allí, en San Luis, en Argentina, incluso ganó una etapa, la crono del cuarto día. Luego se desfondó y no pudo luchar por la general, que la ganó el chileno Arriagada. Luego supimos, a primeros de marzo, que había dado hasta cuatro veces positivo por stanozolol, que me suena a la sustancia del falso positivo de Perico Delgado en el Tour del 88 aunque no estoy seguro. El caso es que sancionaron a Arriagada cuatro años y como está a punto de cumplir 36, dudo que vuelva a correr en profesionales.

En Australia, mientras tanto, se corría el Tour Down Under, una carrera que, dicho sea, me parece completamente sobrevalorada en el calendario de la UCI. Es cierto que van muchos corredores de primera línea pero casi todos a rodar sus primeros kilómetros y sólo los australianos y los sprinters suelen tomársela realmente en serio. Este año, por ejemplo, las seis etapas se resolvieron al sprint y la general final la ganó el aussie Cameron Meyer, del Garmin. Dos días después de la victoria de Xavi en Argentina, tu compañero Fran Ventoso ganaba en Australia, menudo debut de Movistar como patrocinador. Dos carreras, dos victorias.

Luego llegó Langkawi, donde vivimos la eclosión de un joven sprinter italiano, Andrea Guardini, que iba a dar mucho que hablar en esos primeros meses. Sin haber cumplido veintidós años logró cinco victorias de etapa de un total de diez disputadas y su irrupción fue tal que eclipsó el ganador final, el venezolano Monsalve y dejó el contador de otro joven velocista, Kittel, en una única victoria. Ya hablaremos de ambos más adelante.

Pero todo esto vosotros lo sabéis porque aún estabais con nosotros así que más que contároslo estamos recordando juntos ¿verdad?

Sin embargo aún hay otras cosas que no sabéis y que me gustaría contaros. Sobre todo porque pertenecen a mi pequeña historia, la historia de los sin Historia, que decía Borges o Benedetti o alguno parecido.  El dos de enero mi hermano y yo empezamos nuestro largo camino con destino final el Galibier, allá para el mes de julio, que raro, por cierto, evocar en mitad de los fríos invernales, los sofocos del verano para el que aún restaba tanto, en días y en kilómetros por recorrer. Habíamos estado hace tres años y entonces, novatos nosotros, cometimos algunos errores, en la preparación y en la ascensión, que nos obligaron a claudicar a cinco kilómetros de la cima. Desde entonces vivimos con la herida del Galibier abierta y estábamos decididos a cerrarla este mismo año, para que esperar más. El plan consistía en coger fondo a base de salidas largas y llanas primero para después ir aumentando la dureza de esas salidas con ascensiones hasta conseguir una especie de “simulación” del ascenso al Galibier haciendo la doble vertiente de Navacerrada. El éxito de ésta no garantizaba el éxito de la primera pero si no éramos capaces de completarlo, mucho menos íbamos a hacerlo con nuestra montaña maldita. Así que en ese primer mes del año acumulamos cuatro salidas de fin de semana y las dos primeras ascensiones, en realidad una y media, ya que a mitad de La Morcuera, en su vertiente de Miraflores, nos empezó a nevar y no quisimos repetir la experiencia de enero de 2009, cuando nos encontramos placas de hielo en la cima y nos cayó un diluvio helado en el descenso más dantesco que hemos hecho.

Pero el simple hecho de salir ese fin de semana era toda una declaración de principios, una auténtica proclama de lo en serio que íbamos esta vez, de lo absolutamente determinados que estábamos a que nada nos apartase de nuestro objetivo. Absolutamente nada. Y así llegó febrero.

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