Mostrando entradas con la etiqueta Sastre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sastre. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de septiembre de 2011

aquella tarde de julio


Probablemente, si en algo coincidiremos Carlos Sastre y yo alguna vez, amén del año de nacimiento,  sea en elegir un momento de su vida deportiva. Aquella tarde del mes de julio del año 2008 en que sentenció el Tour de Francia con su ataque en el Alpe d’Huez.

Diferiremos sin embargo en los motivos que nos llevan a elegir ese instante sobre cualquier otro. Para Carlos el valor más allá del gesto deportivo, probablemente resida en lo que le permitió conseguir, en lo que ese ataque significó dentro del contexto de un Tour de Francia que acabaría ganando y de lo que esa victoria supone dentro de un contexto aún mayor que es el de su carrera deportiva. Para mí, sin obviar el hecho de que probablemente aquel día se vio al mejor Carlos Sastre de sus catorce años de profesional, el valor reside en una serie de acontecimientos relativos a mi ámbito privado pero a la vez íntimamente ligados a aquella etapa. 

Tomo prestada ahora una frase del final de Blade Runner, todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”. Bien, asumo que el paso de los años irá borrando de mi recuerdo momentos que ahora permanecen indelebles en mi memoria. Asumo que en un plazo de veinticinco o treinta años, a lo mejor he olvidado el ataque de Contador de este año en el Galibier o incluso confunda y mezcle en mi memoria la visita al bosque de Arenberg del pasado abril con la de 2008 o con otras que estén por venir. Lo confundiré, probablemente lo olvide igual que ahora mismo hay momentos de mi vida perdidos para siempre en la negra noche de los tiempos. Y sin embargo me cuesta creer que algún día habré olvidado aquella tarde del 23 de julio de 2008. 

Sastre a la "puerta de casa"
La hora exacta no puedo precisarla ¿Las cuatro y media? ¿Las cinco? No mucho más pronto, desde luego no más tarde. Hace menos de veinticuatro horas que mi hermano, mis padres y yo nos hemos instalado en una pequeña y acogedora casa alpina a unos metros de la pancarta de 5 kilómetros a la cima de Alpe d’Huez. Esa misma mañana, mi hermano y yo hemos completado por segunda vez en nuestra vida, la ascensión a Alpe d’Huez, dos años después de haberlo visitado por vez primera. Comemos pronto con el rumor de la retransmisión de la etapa a través de la televisión francesa como ruido de fondo. Los corredores están transitando la Croix de Fer. En un rato estarán a pie del Alpe, a menos de diez kilómetros de donde estamos ahora mismo así que nerviosos y excitados recogemos rápido y salimos a esperar el paso de la carrera. El tiempo se ralentiza bajo un sol que castiga sin abrasar, pasa la caravana publicitaria como una suerte de cabalgata de Reyes, reparte regalos y genera expectación, ya no queda mucho para ver a los ciclistas. Un espectador aguarda con un transistor por el que se  informa de cómo viene la carrera. No entiendo absolutamente nada de lo que dicen por la radio… hasta que entiendo sólo dos palabras: Carlos Sastre. Corro un momento al interior de la casa y veo en la televisión que Sastre es cabeza de carrera en solitario. Vuelvo a salir y un poco más tarde nos llega el rumor sordo que poco a poco se transforma en rugido. Están aquí ¡Ya vienen! Motos, coches de organización… parafernalia que se transforma en liturgia. ¡Ahí está, es Carlos, Carlos Sastre! Pasa en cabeza, con su gesto característico, acompasando la respiración, con buena cadencia. Mi padre saca la foto que acompaña a este post. Sastre se va, gira ligeramente a la derecha y le perdemos. No tomamos referencias pero nos parece una vida lo que tardan en llegar el resto de favoritos. No hay duda, Carlos va a ganar en el Alpe y parece seguro que se pondrá líder.

No queremos saber nada más. En Madrid nos espera un vídeo con las tres etapas alpinas y queremos verlo sin saber absolutamente nada del desarrollo de la carrera. Sin embargo, un pequeño indicio en forma de anécdota nos dará pistas dos días más tarde. Aquel verano recorrí media Francia, no es hipérbole, de Normandía a los Alpes pasando por París, y en cada sitio que paramos busqué el maillot amarillo del Tour, supongo que el capricho insatisfecho del niño que un día quiso ser Perico Delgado. El caso es que la tarde que llegábamos a Alpe d’Huez, en una tienda en Bourg d’Oisans, por fin encuentro el maillot anhelado, de mi talla y a un precio razonable. Es el maillot con el que la mañana siguiente subiré el Alpe y con el que tres días más tarde afrontaré nuestra ascensión al Galibier, donde un cicloturista francés nos dará ese pequeño indicio de lo que ha sucedido en el Alpe, en el Tour, cuando al adelantarnos nos salude con un cómplice “bonjour, Carlos”. Llevo el maillot amarillo, soy el líder del Tour, es decir, Carlos Sastre.

Aquel fue el último verano que pasé con mi padre. Ya no habrá otros. Ayer, cuando supe que Carlos Sastre se retiraba, la primera imagen que me vino a la cabeza no fue de Carlos, fue de mi padre, esperando el paso de la carrera con su cámara de fotos y su gorrito con el estampado del maillot de la montaña que había recogido de la caravana publicitaria. Fue una tarde de julio de hace tres años y conforma una estampa casi familiar que permanece detenida en el tiempo para siempre y de la que Carlos Sastre forma parte como uno más de manera muy vívida. Por eso, cuando ayer supe que Carlos se retiraba sentí una punzada un poco más dolorosa que ante la retirada de cualquier otro ciclista. El adiós de Carlos simboliza, para mí, no sólo la despedida de un ciclista al que he respetado más que admirado, también escenifica a la perfección el discurrir de sentido único de la vida de cualquiera de nosotros, el inexorable paso del tiempo y lo vano que resulta resistirse a ello, lo estéril que resulta intentar retener cualquier lágrima en mitad de la lluvia.

Pese a todo y quizá por todo eso, gracias Carlos.

lunes, 27 de junio de 2011

el Tour de Francia y su boda lesbiana

Me estaba acordando antes de escribir este post de uno de los capítulos más recordados de Friends. En él, Phoebe es “poseída” por el espíritu de una anciana que se resiste a dejar este mundo sin haberlo visto ABSOLUTAMENTE TODO. Por no dilatarme mucho con este tema, que esto es un blog sobre ciclismo y no sobre televisión, el espíritu de la buena mujer sólo abandona el cuerpo de Phoebe cuando asiste a la boda entre Carol, la exmujer de Ross, quien además ejerce de padrino, y Susan, la novia lesbiana de aquella al grito de “ahora si que lo he visto todo”. 

Pensaba en esto porque probablemente de todas las situaciones embarazosas, peculiares y extravagantes a las que se ha enfrentado o se pueda enfrentar en estos tiempos convulsos el Tour de Francia, la de esta edición puede que sea la única que nos faltaba por ver.

Recapitulemos: Año 2006 el ganador, Landis, es desposeído de su triunfo después de dar positivo por testosterona tan sólo cuatro días después de terminar el Tour. El ganador pasa a ser un outsider, Óscar Pereiro, a quien en la etapa con final en Montélimar le dejan coger el maillot amarillo después de que hubiese perdido treinta minutos en los Pirineos.

Año 2007. Michael Rasmussen, quien también se había beneficiado de cierta permisividad por parte de los favoritos en la primera llegada en alto, ésta en Tignes, para convertirse a cuatro días del final en virtual ganador del Tour, es expulsado de la carrera por su propio equipo al saberse que un mes antes había mentido a la UCI para evitar un control antidoping sorpresa. El liderato pasa entonces a un debutante Alberto Contador que logra mantenerlo en la contrarreloj final frente a Evans y por el escaso margen de 23 segundos.

Año 2008. En una decisión cuando menos controvertida, ASO, como organizado del Tour de Francia, decide dejar fuera de la carrera a Astana, el equipo por entonces de Alberto Contador, como castigo por los casos de doping de Vinokourov y Kashechkin un año antes, el primero en el transcurso de la prueba. Curiosamente, en el momento de ser excluido, ninguno de los dos corredores kazajos formaban parte del equipo. Contador consigue ese año proclamarse vencedor de Giro y Vuelta. El Tour de Francia es para Carlos Sastre.

Año 2010. El año de la cadena de Andy. El año del filete. Andy Schleck logra llegar a los Pirineos como líder de la carrera con 31 segundos de ventaja sobre Alberto Contador. Sin embargo parece una ventaja escasa para defenderla en la contrarreloj final así que en la etapa que acaba en Luchon, ataca subiendo Balès… pero se le sale la cadena y tiene que detenerse a colocarla. Contador, que había salido al ataque de Andy, le pasa y le deja. Luego declararía que no vio que tuviese problemas pero desde numerosos frentes se critica la actitud del madrileño. En meta le saca 39 segundos, así que es líder por tan sólo 8 segundos. En la crono final, un desconocido, por débil, Contador sólo es capaz de aventajar en 31 segundos a Andy Schleck por lo que se proclama vencedor del Tour por 39 segundos… justo la diferencia que había obtenido el día de Luchon, el día de la cadena. 

¿Vencedor? Pues han pasado once meses desde entonces, en menos de una semana habrá echado a rodar el Tour de Francia 2011 y aún no se puede asegurar que sepamos quien es el ganador de la edición del 2010. Es más, podría darse el estrambótico caso de que Contador ganase el Tour de este año pero en agosto le desposeyesen de ambas victorias. El caso de su positivo por clembuterol, mil veces analizado, otras tantas comentado, aún permanece sin resolver y será, aparentemente porque los plazos de este asunto son cambiantes, en agosto cuando el TAS pronuncie una resolución final.

Así que  en estas andamos, esperando que empiece un Tour en el que el máximo favorito está ya no bajo sospecha si no enjuiciado y al que sólo los incompresiblemente dilatados procesos de la justicia deportiva han rodeado de la densa bruma de la sospecha y alejado de la imprescindible certeza de la sentencia. Esperando que empiece un Tour del que, antes de empezar, ya sabemos que puede que no valga nada dentro de dos meses. Sea como sea, tengo la sensación de que con este asunto ya lo hemos visto todo. Como la anciana de Friends en la boda lesbiana.