martes, 13 de septiembre de 2011

el ciclismo que soñé (y 2)

Viendo el pasado Tour de Francia pensé, no soy capaz de recordar a cuenta de qué, supongo que a propósito de la enorme diferencia de equipo, o al menos de prestaciones, entre Leopard y Saxo Bank, en esas grandes escuadras tipo US Postal de la era Armstrong o el Astana de 2009 capaces de bloquear una carrera durante días merced a su enorme potencial. Entiendo que un aspirante al triunfo final en una Grande desea rodearse del equipo más potente que le sea posible para con ello minimizar al máximo el efecto de las múltiples variables, sobre todo las adversas, que pueden surgir a lo largo de la disputa de cualquier competición. Pero estas situaciones está claro que ejercen un efecto negativo sobre la emoción que una carrera incierta puede generar y por tanto en contra del espectáculo. Y ya creo que ha quedado claro la necesidad que de convertir el ciclismo en un espectáculo hay por lo que mi propuesta sería reducir la participación en las Grandes Vueltas de nueve a siete corredores por equipo. Esto, además de dificultar estas situaciones de bloqueo, tendría otros efectos colaterales que también considero beneficiosos. El primero sería relativo a la seguridad de los ciclistas. Siempre que sobrevienen desgracias, y este año, maldita sea, las hemos tenido, hay alguien que apunta lo problemático que puede llegar a ser un pelotón de 200 corredores en el que todos necesitan, ni siquiera desean, estar en cabeza de pelotón. Por otro lado permitiría incrementar la cifra de equipos participantes. Para visualizar esto mejor, valga un ejemplo: en el último Tour de Francia tomaron la salida 22 equipos lo que, a 9 corredores por cada uno supone un total de 198 corredores. 25 equipos con 7 corredores cada uno supondría un pelotón de 175 corredores. Son 23 corredores menos y sin embargo 3 escuadras más cada una de ellas con sus propios intereses. Me parece evidente que estaríamos ante situaciones de carrera mucho más interesantes desde el punto de vista del espectador que con la actual estructura.

Relacionado con este tema me gustaría además apuntar la posibilidad de reducir el cupo máximo de corredores por plantilla de 30 a 25. Esta medida tendría una doble finalidad que sería por un lado dificultar la creación de superequipos que si bien tendrían más problemas para bloquear una carrera concreta con la norma de los 7 corredores,  encontrarían menos inconvenientes a la hora de acaparar figuras en plantilla. Por otro lado podría generar una dinámica favorable para que más patrocinadores se acercasen al ciclismo animados por la posibilidad de tener buenos corredores en sus equipos y de resultar competitivos en las pruebas más importantes. Como guinda a esta medida adoptaría un concepto importado del deporte profesional americano y que se me antoja vital en cualquier deporte de equipo y es el Límite Salarial. Esto es, establecer un gasto máximo en sueldos de corredores que al igual que la reducción de las plantillas dificulte la creación de esos superequipos dominantes. En el caso de la NBA tengo entendido, no lo he comprobado, que si bien los equipos pueden sobrepasar ese límite salarial, cuando lo hacen están obligados a pagar el doble de la cifra en la que se han excedido a la propia NBA que reparte ese dinero de forma equitativa entre los equipos que no han alcanzado dicho límite. Estas medidas irían encaminadas a que en un plazo relativamente corto nos encontrásemos con un número de equipos considerablemente mayor al actual de un nivel muy parecido compitiendo por los mismos objetivos.

Cuando en 2004 se impulsó la creación del UCI Pro Tour, un terremoto sacudió los cimientos del ciclismo y no fueron pocas las voces que se alzaron en su contra. El invento, tal y como se concibió, resultó un fracaso estruendoso y cada año se ha ido matizando, “suavizando” diría yo, respecto a su idea original. El sistema de puntos establecido por la UCI para la temporada 2011 y con la que se regirá la sesión de 2012, supone un despropósito aún mayor en esta especie de huida hacia adelante en la que parece haberse instalado el máximo organismo del ciclismo. Sin entrar en muchos detalles, la información circula por la red para quien desee consultarla, diré que la idea de que los puntos pertenecen al corredor y no al equipo es simplemente descabellada. Y me valdré de un ejemplo para explicarlo. Philippe Gilbert, el corredor más laureado de esta temporada, confirmó en agosto su fichaje por BMC para el año 2012. ¿Por qué habría de llevarle Lotto a las carreras que restan desde ese momento hasta el final de temporada? ¿Acaso no sería más interesante para ellos intentar conseguir puntos con corredores cuya permanencia en el equipo sea segura de modo que los posibles puntos que se consigan sean para el equipo y más teniendo en cuenta que de esos puntos depende su permanencia en la élite ciclista el año próximo? En cualquier caso no tendría mucho sentido estar engordando la cuenta de puntos de otra escuadra. Y si la escuadra belga optase por no llevar a Gilbert a ninguna carrera más desde ese momento ¿no se estaría desvirtuando la competición? Porque entiendo que el caso de Gilbert es sólo un ejemplo y que esta situación podría repetirse con todos y cada uno de los corredores cuya marcha esté confirmada.

No creo que el UCI Pro Tour fuese un error absoluto y que el sistema de puntos sea descalificable per se. Al contario, creo que hay conceptos salvables en ambos sistemas por lo que mi propuesta pasaría en primer lugar por elaborar una clasificación de las carreras por categorías y establecer un sistema de puntuación para cada una de dichas categorías primando la victoria sobre cualquier otro logro, lo que evitaría que asistiéramos a ciertas tácticas rácanas encaminadas a defender un 10º puesto en una general final sobre el logro de una victoria parcial, por ejemplo. En base a ese sistema de puntuación se establecería una clasificación por equipos que determinaría el sistema de participación en las carreras. De esta forma nos encontraríamos, por ejemplo, que los 15 primeros equipos de la clasificación tendrían su plaza asegurada en las competiciones en las que solicitasen su inscripción, pudiendo disponer la Organización del resto de vacantes para cursar las invitaciones que considere oportuno. Si alguno de esos quince primeros equipos renunciase a su plaza en alguna carrera, ésta sería cubierta por el decimosexto clasificado y así sucesivamente. ¿Qué persigue esta medida? Por un lado la implicación de todos los equipos participantes en la disputa de la competición y evitar así situaciones tan absurdas como por ejemplo ver a Euskaltel un año si y otro también pasar sin pena ni gloria por la Paris-Roubaix mientras equipos belgas y franceses, mucho más identificados con la prueba se quedan fuera o el sangrante caso de la invitación a los Bouygues Telecom o Saur de turno a la Vuelta a España, donde su participación es residual siendo generosos, mientras que equipos como Caja Rural se quedan fuera.

Uno de los efectos colaterales más lamentables de la instauración del UCI Pro Tour fue, a mi parecer, la desaparición de la Copa del Mundo. Era esta una competición que conseguía despertar el interés de todos, desde aficionados a corredores pasando por sponsors y televisiones, dado que se disputaba a lo largo de toda la temporada y, sin restar un ápice de expectación a las grandes clásicas del calendario, incrementar el valor de alguna prueba menor que veía como corredores de primer nivel acudían a ella dispuestos a competir como si de uno de los 5 Monumentos se tratase, sabedores de que, si bien el prestigio de conseguir una prueba de estas era menor respecto a las Grandes Clásicas, el valor en puntos de cara a la Copa del Mundo era similar a cualquier otra. Entiendo que restaurar la Copa del Mundo sería un enorme impulso mediático para todas y cada una de las pruebas que la componen con la consiguiente repercusión positiva sobre aspectos publicitarios y de sponsorización.

Para concluir me gustaría hacer dos apuntes más. Al principio de esta exposición apuntaba la necesidad de convertir el ciclismo en un espectáculo que pueda ser vendido. Bien, llegados a este punto creo necesario, y este es uno de esos terrenos donde el firme se vuelve inestable bajo mis pies, que una vez que se haya cumplido la primera parte de la premisa, esto es, el espectáculo está ahí, se impone, para que esa “venta” sea rentable la necesidad de presentar un frente común ante ciertos agentes externos al ciclismo por lo que considero que resultaría muy interesante una negociación colectiva, con la AIOCC como cabeza visible, de los derechos televisivos de las pruebas. Viene esto a cuento de la sempiterna excusa de las televisiones para no retransmitir más que el Tour de Francia y la Vuelta a España, de que el ciclismo no es rentable. Bueno, cuesta creer que un deporte donde la inversión en infraestructura para su retransmisión (TVE sólo despliega medios para retransmitir las pruebas nacionales) es cero, de pérdidas. Fijándonos en el espejo del Mundial de Motociclismo nos encontramos con que, por contrato, las televisiones están obligadas a retransmitir en directo hasta los entrenamientos libres, por mucho que estos gocen de una audiencia residual respecto a las carreras. ¿Acaso es descabellado pensar que la AIOCC exija a las televisiones que compren los derechos para el Tour, el Giro o la Vuelta que hagan lo mismo con todo el calendario de clásicas y las principales pruebas de una semana con el compromiso de retransmitir al menos una hora diaria de cada una de ellas? Como decía antes, en este aspecto no estoy muy seguro de lo expuesto ya que desconozco como se negocian dichos derechos por lo que simplemente intento plantear un escenario posible y beneficioso para el ciclismo.

Y básicamente, esto es todo. Como ya dije al principio, entiendo que cada una de estas medidas puede tener un efecto negativo, lo tendrán, sin duda, pero sigo pensando que merece la pena intentarlo. También tengo claro que habrá más medidas y alguna aún mejor que estas, que son sólo unas pocas y las que a mi, como aficionado, se me antojan imprescindibles. Y por último tengo claro que algunas de estas medidas son inviables en el contexto en el que se mueve el ciclismo actual, con bandos atrincherados defendiendo su pequeño coto de poder frente a otras fuerzas exógenas así que mi optimismo relativo al futuro inmediato del ciclismo es moderado y de hecho no confío en que el verdadero problema de nuestro deporte se resuelva hasta que las estructuras ciclistas actuales no se derrumben bajo el peso de su podedumbre. Mientras tanto, seguiremos asistiendo a esta detestable lucha de poderes y, eso si, siempre, a la impagable lucha de los corredores, al fin y al cabo el ciclismo son ellos, en las carreteras.

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